Aunque cada una de estas estimaciones seguirá siendo provisional hasta que se encuentren fósiles de megalodón más grandes y mejores, Shimada y sus colegas sospechan que el gigante oceánico en realidad se habría parecido mucho más a un colosal tiburón limón.
Originario de las costas que rodean América del Norte y del Sur, así como de África occidental, “el tiburón limón tiene un cuerpo de tiburón convencional”, dice el paleontólogo. “Una especie de ‘tipo medio’ en el mundo de los tiburones”.
Los científicos también hicieron otras afirmaciones basadas en las pruebas de que disponen. Por ejemplo, los análisis hidrodinámicos basados en la nueva forma del cuerpo también sugieren que, incluso a tamaño natural, el megalodón no habría sido más rápido que los tiburones blancos actuales.
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Asimismo, contando las bandas de crecimiento de las vértebras, estiman que los megalodontes recién nacidos habrían medido entre 3 y 4 metros de longitud en el momento de nacer. De ser cierto, significaría que el megalodón tuvo las crías más grandes de la historia de los peces.
Los jóvenes megalodones podrían haber crecido rápidamente durante sus primeros siete años de desarrollo, justo hasta el momento en que habrían superado la posibilidad de ser presa de los grandes tiburones blancos. Se trata de un área de estudio importante, ya que muchos científicos creen que la competencia con los blancos es parte de lo que condujo a la extinción final del megalodón.
Cooper consideró que el aspecto de la cría más grande es ”bastante emocionante”, pero señaló que la idea de que los megalodones jóvenes crecieran más rápido para superar a los grandes blancos es “altamente especulativa”.
“En resumen, todo lo que se presenta aquí es interesante, pero debe tomarse con cautela hasta que pueda comprobarse empíricamente o se encuentre un esqueleto completo de megalodón que confirme una cosa u otra”, sostiene el paleobiólogo.
En los últimos años, el público se ha volcado de lleno en la investigación del megalodón. Pero tanto Cooper como Shimada coinciden en que la obsesión por el tamaño máximo y la respuesta a cuestiones hipotéticas, como si el megalodón podría vencer en una pelea a la ballena extinta conocida como Livyatan, son distracciones.
Esas cosas “hacen caso omiso de la biología bastante asombrosa que hemos aprendido sobre esta especie icónica y real que existió, y la reducen a lo que solo puedo describir como un personaje de videojuego”, comenta Cooper.
Por ejemplo, otro estudio reciente del que es coautor Shimada ha hallado pruebas geoquímicas que sugieren que el megalodón pudo haber sido, al menos en parte, de sangre caliente. Y esta ventaja puede haber permitido al depredador perseguir a las ballenas más lejos y en aguas más frías, preparando el terreno para alcanzar tamaños descomunales.
Con tan pocas pruebas fósiles, es posible que el megalodón no se pareciera en nada a ninguna de estas estimaciones.
“Esta posibilidad no puede descartarse hasta que se encuentren esqueletos completos o casi completos en buen estado de conservación”, insiste el paleontólogo. Hasta entonces, “estamos limitados por los datos”.
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