Madrid/El régimen castro-comunista, cuya narrativa se ha basado fundamentalmente en el diferendo con Estados Unidos, ha utilizado siempre el fantasma del anexionismo como argumento a su favor. Según sus teóricos, la potencia del Norte ansía desesperadamente apoderarse de Cuba, incluso en la actualidad. Para calzar sus tesis, utilizan viejas teorías como la fruta madura, de John Quincy Adams (1823), la Doctrina Monroe (América para los americanos), así como la doctrina del destino manifiesto. Por otro lado, los opositores al régimen han sido tachados reiteradamente como “lacayos del Imperio” o, simplemente, como anexionistas. De esta forma, el castrismo se escuda en una supuesta defensa de la soberanía nacional para autolegitimarse.
Podría sospecharse que la propia Seguridad del Estado se ha encargado de esparcir criterios anexionistas en una parte del exilio y de la oposición para reafirmar su narrativa. Y, aunque no dudo que eso les venga como anillo al dedo para su relato, tampoco desconozco que existen otros motivos para que esa corriente de pensamiento tenga todo el combustible necesario para propagarse de manera espontánea.
Seamos francos, el pensamiento anexionista existe entre cubanos desde hace, por lo menos, más de dos siglos. Su origen se remonta a fines del siglo XVIII, dentro de la burguesía esclavista criolla. Por una parte, estaban decepcionados con el declive de España, temían las presiones abolicionistas de Inglaterra y les aterraban las revoluciones de esclavos que estaban ocurriendo en la región. Este sector veía en su adhesión al sur de los Estados Unidos la oportunidad de mantener la estabilidad de la economía esclavista. Incluso nuestra bandera tiene un origen anexionista, diseñada por el venezolano Narciso López, defensor a ultranza de esa corriente.
- CHECALO -
Dentro de los propios EUA fue creciendo el rechazo a la idea de que Cuba formara parte de la Unión
Sin embargo, dentro de los propios EUA fue creciendo el rechazo a la idea de que Cuba formara parte de la Unión. Tal vez, donde más se reflejó el desprecio hacia esa opción, fue en el artículo ¿Queremos a Cuba?, publicado en The Manufacturer, en 1889. El artículo elogiaba la tierra, pero aborrecía a sus habitantes. A los cubanos blancos se les catalogaba como raza inferior, afeminados, perezosos, de moral deficiente e incapaces por naturaleza. El principal argumento para justificar nuestra incapacidad de ser libres era precisamente el continuo fracaso de nuestras rebeliones. A los cubanos negros se les trataba todavía peor, arguyendo que estaban “claramente al nivel de la barbarie”. Según el artículo, la única posibilidad de anexión era sustituyendo por completo a la población. Pero, incluso así, temían que la raza anglosajona se degradara bajo los efectos del sol tropical.
Obviamente, el panfleto recibió el rechazo de los patriotas cubanos, sobre todo de José Martí. La tendencia anexionista fue perdiendo peso, mientras aumentaba la adhesión al ideal independentista. Más tarde, durante la República, el rechazo a la Enmienda Platt sería uno de los motores para impulsar un pensamiento cada vez más nacionalista entre los cubanos.
Entonces llegó la Revolución, capitalizando y radicalizando un supuesto nacionalismo, aunque en la práctica convirtieron la Isla en un satélite de otra potencia extranjera: la URSS. La sobresaturación de un discurso antinorteamericano fue provocando, por hartazgo, un efecto contrario en buena parte de la población cubana, resucitando el pensamiento anexionista. Mientras que en el resto de América Latina se suele utilizar la palabra gringo para referirse a los estadounidenses, en Cuba se utiliza la palabra yuma, que tiene una connotación totalmente alejada de lo peyorativo. El cubano promedio suele ver en EUA, y especialmente en Miami, una imagen que contrasta por completo con la precariedad y la miseria que sufre dentro de la Isla. Por otro lado, resulta natural que los millones de cubanos que han adquirido durante décadas la nacionalidad estadounidense, vean el futuro de Cuba indisolublemente ligado al país donde han podido prosperar.
En resumen, el pensamiento anexionista no solo tiene raíces históricas, sino que es también un resultado directo del fracaso político, económico y social del régimen castrista, así como del éxodo continuo y masivo de cubanos hacia Estados Unidos.
Por mi parte, dejando de lado cualquier sesgo ideológico, no creo que los poderes norteamericanos vean con seriedad la posibilidad de anexarse Cuba. El actual presidente de Estados Unidos, cuando habla de expandir su territorio, mira más hacia el norte: Canadá y Groenlandia. Esta administración, cuando mira hacia el sur, no ve ninguna fruta madura ni nada que se le parezca. Ve y sueña… con muros bien altos.
No creo que los poderes norteamericanos vean con seriedad la posibilidad de anexarse Cuba
Hay razones para sostener que la mayoría de la oposición cubana desea un país libre e independiente. Más allá de nuestras diferencias, considero que prima la visión de una Cuba futura que tenga una relación normal con su vecino del Norte, sin renunciar a nuestra soberanía. Aunque tampoco podemos cerrar los ojos ante criterios distintos que crecen en determinados espacios del exilio.
Para terminar, y para despejar cualquier duda sobre la hipocresía del régimen cuando utiliza la palabra “soberanía”, basta con recordar las palabras de Díaz-Canel, después de su último paseo por Moscú. El dictador designado dijo sentirse profundamente emocionado cuando Lukashenko le recordó que Cuba “también era una ex república soviética”. Se lo contó a Ramonet, con los ojos aguados de nostalgia. Y se lo repitió a Bruno Rodríguez Parrilla, conmovido y con piel de gallina, desde el avión presidencial. Cuando se hable de anexionismo, tampoco se puede olvidar esa anécdota.
DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://www.14ymedio.com/opinion/pensamiento-anexionista-cubano_1_1112498.html