A principios de este mes, Donald Trump apuntó preocupado en uno de sus discursos al aumento de diagnósticos de autismo que han tenido lugar en los últimos años, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Está claro que este aumento, que sí que se ha dado de verdad, se debe a mejoras en los métodos de diagnóstico. Sin embargo, para el presidente estadounidense parece mucho más plausible que se deba a la ya más que desmentida relación entre autismo y vacunas. Por eso, decidió poner en marcha un programa dirigido a investigar de nuevo si existe dicha relación. La comunidad científica ya se echó las manos a la cabeza con esta decisión, pero más ahora, al darse a conocer quién será el director del estudio: el conocido antivacunas David Geier.
Si pones a un antivacunas a estudiar los perjuicios de las vacunas, posiblemente los encontrará, aunque tenga que mentir en el proceso. Viene siendo lo mismo que poner a un terraplanista a dirigir la NASA.
Pero lo más grave no es el director del proyecto, sino la iniciativa en sí. Se calcula que el gasto de llevarla a cabo será millonario. Tan millonario como innecesario, pues hay muchísimos estudios que ya han desmentido la relación entre autismo y vacunas. Es cierto que en 1999 hubo un científico que aportó pruebas que demostraban que realmente pueden asociarse, pero con el tiempo tuvo que retractarse, después de que se comprobase que se había inventado los datos. Aquel científico, llamado Andrew Wakefiel tuvo que entregar su licencia y dejar de dedicarse a la medicina. Casi lo mismo que David Geier, quien no tuvo ninguna licencia que entregar, básicamente porque se descubrió que estaba ejerciendo sin ella.
La historia de la relación entre autismo y vacunas
Corría el año 1999 cuando Andrew Wakefield publicó en la prestigiosa revista The Lancet un estudio que daría muchísimo de lo que hablar. En él, señalaba una relación entre el autismo y las vacunas. Concretamente, con la vacuna MMR, conocida en España como triple vírica por incluir protección frente a tres virus: el del sarampión, el de las paperas y el de la rubéola.
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En el estudio participaron solo 12 niños. Eso ya llamó la atención de otros científicos. Era un grupo poblacional muy pequeño. Por eso, se intentó replicar su metodología con más participantes. En ciencia es muy importante que un estudio se pueda replicar. Es la forma de demostrar que los resultados no se obtuvieron por casualidad. Deben replicarlo científicos de otros laboratorios ajenos al estudio original. Y así fue. O así se intentó, ya que ninguno logró replicarlo.
La comunidad científica tenía la mosca detrás de la oreja, por lo que investigadores de distintos lugares analizaron minuciosamente el trabajo de Wakefield hasta comprobar que había falsificado los datos. Inicialmente lo negó, pero al final no le quedó más remedio que reconocerlo. Su estudio estaba financiado por varias asociaciones antivacunas, por lo que era importante contentar a los inversores.
Doce años después de la publicación, The Lancet retractó el trabajo de Wakefield. Además, se le retiró su licencia y no pudo volver a ejercer la medicina. Desde entonces se han publicado muchísimos estudios científicos con una metodología sólida y replicable en los que no se encuentra la más mínima relación entre autismo y vacunas.
¿Qué hará ahora David Geier?
David Geier es un biólogo conocido por haber sido sancionado al ejercer la medicina sin licencia. Su padre, Mark Geier, es doctor en genética. Ambos son reconocidos antivacunas y formarán parte del estudio encargado por el gobierno de Donald Trump. También lo harán las esposa de David Geier, dos socios suyos y las madres de dos niños con autismo.
Sin duda, no es un comité multidisciplinar de procedencias variadas. No parece que sean personas que vayan a analizar el estudio desde la objetividad. Y no por las madres de niños autistas, sino por los científicos que se aprovechan del sesgo de autoridad de tener una carrera de ciencias para reivindicar algo que la mayor parte de la comunidad científica ha desmentido ya. Una carrera no nos da siempre la razón.
Aún no se sabe mucho sobre los pasos que se seguirán, pero hay bastantes sospechas de que costará muchos millones de dólares de dinero público. Todo para repetir algo que ya se ha investigado.
¿Por qué es tan peligrosa la falsa relación entre autismo y vacunas?
Según un estudio de la OMS (curiosamente publicado también en The Lancet), en los últimos años las vacunas han salvado la vida de 154 millones de personas. No se puede saber con exactitud, lógicamente, pero es lo que dicen los modelos matemáticos que trabajan con datos anteriores al inicio de las vacunas. Otro estudio, publicado por el Imperial College de Londres, señaló que desde el año 2000 las vacunas han salvado la vida de 37 millones de niños y que para 2030 la cifra ascenderá a los 120 millones. Aun así, esta cifra es a la baja, ya que en ese estudio solo se tuvieron en cuenta 10 vacunas administradas en 98 países de bajos y medianos ingresos. Si se contabilizan todas las vacunas en todo el planeta la cifra sería aún mayor.
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