Los ajolotes son criaturas mágicas, íntimamente relacionadas con México, su cultura e historia. Sus características son únicas y sorprendentes y reflejan la resiliencia mexicana, sostiene Luis Antonio Rojas, fotógrafo documental y Explorador de National Geographic que registra en imágenes a estas criaturas.
Pero no son solo sus peculiaridades biológicas las que simbolizan al país. Existe una leyenda prehispánica que vincula a los ajolotes con Xólotl, el dios del fuego y el rayo, asociándose así a los orígenes mismos del universo.
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¿Qué son los ajolotes?
Los ajolotes son anfibios pertenecientes al género Ambystoma, que incluye 33 especies distribuidas desde el Altiplano Mexicano hasta el suroeste de Alaska y sur de Canadá, explica un documento publicado en 2018 por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de México.
En México se pueden encontrar 17 especies, distribuidas en el noreste y centro del país. De todas ellas, 16 son endémicas de México, es decir, solo se encuentran en esa parte del planeta, completa el documento.
Permanecen “jóvenes” para siempre y otras características curiosas del ajolote
¿Qué hace especial a los ajolotes? Luis Antonio Rojas, Explorador de National Geographic, menciona en primer lugar que nunca pasan de su fase larvaria, un fenómeno conocido como neotenia. En otras palabras, nunca completan la metamorfosis. “De cierta forma, siempre permanecen jóvenes”, comenta.
Por este motivo, permanecen toda su vida adulta dentro del agua e incluso se reproducen allí, a diferencia de otras salamandras. Asimismo, continúa el Explorador, son capaces de estar dentro y fuera del agua, ya que pueden respirar a través de la piel, de la boca y de las branquias.
Dentro de su hábitat, los ajolotes se camuflan, lo que les permite cuidarse de sus depredadores. Esto es posible gracias a su piel, cuya coloración varía entre café, negro, verde, colores moteados, dorado y algunas veces rosa, ya que existen individuos albinos (como son más fáciles de identificar en la naturaleza, sus imágenes son las que predominan en internet y en los acuarios, pero no en estado salvaje).
Físicamente, también destacan por tener solo cuatro dedos en las patas traseras y cinco en las posteriores, sin uñas. Además, su cuerpo es robusto, carecen de párpados y presentan pulmones y branquias. “Tienen una boca de gran capacidad y dientes diminutos que se disponen en hileras a la entrada de la cavidad oral con lengua retráctil, como la de las ranas”, completa el documento de 2018.
El ajolote puede regenerar partes de su cuerpo sin dejar cicatrices
Otro dato extraordinario sobre esta especie que resalta el fotógrafo documental es que su genoma es complejo (es el segundo más largo del reino animal y unas 10 veces más largo que el genoma humano, detalla un artículo de National Geographic) y tiene propiedades regenerativas. Tanto es así, que ocasionalmente los recién nacidos mordisquean las extremidades de sus hermanos, sin perjuicio de que sus patas vuelvan a crecer.
Curiosamente, también pueden regenerar su columna, su corazón y hasta un 40% de su cerebro, detalla Rojas, quien fotografía a estas salamandras. Todo ello sin dejar cicatrices. Para el Explorador, esta cualidad simboliza la resistencia de México.
Esta característica ha captado la atención de la ciencia, en especial de la medicina, que estudia al anfibio con el interés de promover la regeneración de tejidos en humanos.
La leyenda prehispánica del ajolote
Javier del Valle es un gran conocedor de la cultura náhuatl y, en diálogo con National Geographic, narra en detalle la asombrosa leyenda del ajolote, que es uno de los vínculos más importantes del animal con México.
Se dice que durante el Quinto Sol (la era en la que vivimos, según los aztecas) los dioses se reunieron para crear el universo y generar vida. Parte de esta creación implicaba el sacrificio de los dioses para poder crear el día y la noche. Xólotl, el hermano mellizo del dios Quetzalcóatl, debía arrojarse a la hoguera. Pero, se arrepintió de la ofrenda y huyó.
Como era perseguido por los otros dioses, continúa el relato del chinampero, Xólotl se camufló como planta de maíz, pero fue descubierto; entonces, se convirtió en un maguey (una planta suculenta de la que se obtienen diversos productos como el pulque). Nuevamente descubierto, decidió arrojarse al agua, donde se convirtió en ajolote.
De esta leyenda deriva el nombre del animal, que proviene del náhuatl “axolotl”. Atl significa “agua” y Xólotl “monstruo”, es decir “monstruo de agua” o “perro de agua”, detalla Javier del Valle.
Ajolote: símbolo de la mexicanidad
En definitiva, el ajolote representa mucho a México. Como describen Luis Antonio y Javier, sus características biológicas y las historias que lo rodean lo convierten en un referente mexicano. “Es un animal muy importante para el ecosistema”, subraya del Valle.
“Su capacidad para adaptarse, luchar y regenerarse se ha convertido en un símbolo de resistencia”, insiste el Explorador, quien también invita a celebrar el Mes del Ajolote conociendo más sobre él y apoyando las acciones de protección.
“Pienso que es un gran símbolo de nuestro país por lo atado que está a nuestra historia, a nuestros abuelos. Pensar en él y protegerlo es una forma de defender nuestra identidad precolonial”, finaliza.
Celebra el Mes del Ajolote con Mucho México y conoce más sobre la especie junto a Cerveza Victoria, una marca que reconoce a esta salamandra y se enorgullece de la mexicanidad. En el mes de febrero, Cerveza Victoria lanza su edición especial que enaltece a una de las criaturas más mágicas de México #ConMuchoMexico
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